Bibi Galeano
Siempre que estoy de compras y la vendedora me indica que lleve un producto porque está de moda, siento una especie de escozor y la única reacción posible luego es salir del almacén sin mirar atrás. La palabra moda en general me incomoda, hay algo de impersonal en ella y mucho de carga ideológica.
En muchos órdenes se podría decir que la moda es la manera en que lo que se produce en serie se vende a todos, se impone a la multitud. Es la manera en que el mercado distribuye sus productos y a la vez se supone como una expresión del económico.
En coherencia con ello, ya que la moda se refiere a lo nuevo y se supone en ella un carácter de innovación, de renovación y mejoramiento, entonces, poder estar “a la moda” significa en muchos contextos progresar, superar lo viejo, transformarse,
No obstante, lo que tiene de innovación también lo tiene de efímera. La moda es fugaz, no perdura, es pasajera… Con todo y que muchas personas se esfuerzan, trabajan, corren y hasta se incomodan por “estar a la moda”, en un abrir y cerrar de ojos esta caduca, se vuelve otra y aquella primera termina en el olvido.
Sin embargo, como expresión del consumo, la moda también tiene que ver con la necesidad de pertenecer, en ella también se expresa la posibilidad de integrarse a un grupo social. La moda se generaliza a través de la imitación, en tanto que extensión de la vida del grupo a la vida individual, donde el ser se libera de la necesidad de elegir y ella le permite hacer parte de algo.
A la vez, la moda le da a la persona la posibilidad de destacarse, de distinguirse, por ello incomoda, pues habría que preguntarse hasta donde va la moda y donde empieza la identidad del sujeto, cual es ese punto en el que una y otra confluyen sin rivalizar.
Al respecto es necesario tener en cuenta que como se ha dicho, las motivaciones para la pertinencia de la moda están más cerca de un sentido socialmente construido que de un nivel práctico de la existencia. Ella permite que clases y grupos sociales en su interior se integren pero en el conjunto de la sociedad se diferencien de otros grupos, casi siempre en razón a las condiciones socioeconómicas de unos y otros, de ahí su estrecha relación con el mercado.
Hay que decir entonces que la moda además de referirse a aquellas tendencias repetitivas ya sea de ropa o accesorios, también se expresa en estilos de vida y maneras de comportarse, que marcan o modifican la conducta de las personas. Tal como lo expresara Gabrielle Coco Chanel “la moda no existe sólo en los vestidos. La moda está en el cielo, en la calle, la moda tiene que ver con ideas, la forma en que vivimos, lo que está sucediendo.”
Y justamente ahí está lo que incomoda, en el hecho de que la moda trascienda la cultura y muchos otros elementos que podrían considerarse esenciales en el ser, para imponer la hegemonía a través de criterios estéticos que en muchos casos no tienen nada que ver con los intereses del sujeto o sus convicciones.
En este sentido, la moda siempre tiene que ver con el presente, con el ahora, con el momento en que logra dominar con intensidad las más profundas concepciones del ser, aquellas que antes podrían haberse considerado incuestionables y que le dan paso a lo fugaz y efímero que conlleva la moda.
De ahí que sea la ciudad el escenario propicio para que la moda se imponga. En ella, como en otros ámbitos del mundo contemporáneo, esta la diversidad, el predominio de los sentidos, la transformación permanente, allí donde la presencia de la multitud de algún modo imprime la necesidad de la exaltación del individuo como singular y a la vez su instinto gregario.
'la moda no ha sido otra cosa que la parodia del cadáver colorado, la provocación de la muerte a través de la mujer y un amargo diálogo en voz baja con la putrefacción entre estridentes risotadas mecánicamente repetidas. Esta es la moda. Por eso cambia tan rápidamente, provoca a la muerte y cuando esta se da la vuelta para vencerla, ya se ha convertido en otra, nueva". Walter Benjamin
* Este texto lo publiqué originalmente hace como 10 años en un blog que ya no existe y que era dirigido por un antiguo estudiante de Comunicación que me pidió una colaboración, pero me parece un buen texto para volver a la escritura por este canal.





